01/06/09 10:29
Diario recibo cerca de 100 correos electrónicos, algunos son propaganda de tiendas virtuales a las que alguna vez entré, otros son comunicados de amigos que no tienen tiempo de echarme una llamada y prefieren incluirme en su lista de correos universales de comunicación masiva, otros son de trabajo, pero dada la naturaleza de mi trabajo he aprendido a utilizar mis pobres habilidades de lectura rápida para echar una ojeadita y tratar de discernir si hay algo que pueda ser de utilidad ya sea en el mundo económico, espiritual o dentro de la misma amistad que llevo con la persona, según sea el caso. Pues hoy recibí un correo de una muy estimada amiga mía. Generalmente reviso con cuidado sus correos porque suelen tener contenido que me gusta. Sin embargo hoy no fue uno de esos días. Cuando empecé a leer, la retórica y redacción de la carta que me reenvió me llamaron la atención. Se nota que la escribió una persona de un nivel cultural medio-alto con estudios por lo menos de nivel universidad y que puso en el escrito toda su alma. Sin embargo, a la mitad de la carta las palabras me supieron a queso añejo de varios años o a vino destapado de varias semanas y me dije a mí mismo que tal vez debería compartirlo con ustedes para saber si estoy en lo cierto o si estoy equivocado. No puedo decirles mi opinión en éste momento ya que influenciaría su propia opinión sobre la misiva. Sin embargo prometo darle seguimiento en el área de comentarios y publicar mi propia opinión dentro de unos días para que podamos llegar a un consenso y hacerle llegar a la persona que escribió la carta nuestra opinión comunitaria. Bueno, he aquí la carta y por favor no se queden callados:
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